Demencias, la historia no romántica

Desde hace tiempo tenemos información sobre estos síndromes, todos hemos oído la palabra alzheimer, los talleres dedicados a cuidar al cuidador de personas con demencia e incluso habréis oído la palabra demencia senil.

Aún hoy,  estos términos están siendo  mal utilizados, en muchos casos, incluso por los propios profesionales de la salud y dan lugar a equívocos.

Una frase que he oído muchas veces, e incluso a un familiar traté de explicárselo hace unos años y no quedó conforme con mi respuesta es “ Es demencia senil, no Alzheimer”, conjugada de muchas formas.

Primero comenzaré aclarando este término, las demencias no siempre son seniles, ya que en muchos casos aparecen antes de los 65 años, sobre todo demencias causadas por traumatismos craneales, por VIH, por consumo de drogras, debido a otras enfermedades médicas… pero incluso la más conocida y prevalente que es el alzheimer, puede  aparecer antes de los 65 años.

Habreís observado que he incluido al alzheimer dentro de  las demencias, así es, la demencia senil y el alzheimer no son dos síndromes diferentes, sino que el alzheimer es un tipo de demencia “senil.” Cuando hacemos esa diferencia deberíamos decir, no es alzheimer, es otro tipo de demencia senil (utilizando aquí el término demencia senil en vez de demencia).

Podemos hacer diferentes clasificaciones: Desde la clasificación neuroanatómica podemos diferenciarlas en demencias corticales (alzheimer, pick, cuerpos de lewy…), demencias subcorticales (parkinson…) y demencias mixtas (vascular…)

La demencia de alzheimer, sigue una serie de fases, que no son, para nada, románticas, como nos cuentan en las películas, como por ejemplo, el diario de Noa, donde la protagonista parece más que tuviese lagunas de memoria que una demencia tipo alzheimer. Se va y vuelve al momento actual, reconoce a su marido y en ese momento es una persona totalmente normal que sabe que en un rato va a volver a perder la memoria y quiere aprovechar ese tiempo antes de volver a su mundo amnésico. Las cosas no funcionan así. La película es preciosa, pero no estaría de más informarse de cara a realizar un film de este tipo.

Haciendo alusión a todo esto, justo hace un par de días comencé a leer el libro que escribió una amiga psicóloga, Cristina Pazos y que se llama desaprendiendo, el cual no cerré hasta que terminé la última página porque me enganchó enormemente, en la que hace una visión totalmente contraria a lo que os acabo de contar, a la del romanticismo. Cuenta la historia de una hija que ve como su madre se va deteriorando día a día debido a la demencia. Es una visión realista y a la vez negativa, pero cierta coma nuestra existencia. Os lo recomiendo, pero tened bien a mano el pañuelo.

La fase inicial  de la demencia de Alzheimer abarca de 2 a 4 años , aunque siempre depende del paciente, no hay un tiempo fijo, tiene un comienzo lento, nos vamos dando cuenta por pequeños despistes y fallos que va cometiendo que no son típicos de esa persona:

  • Van perdiendo facultades en la rutina diaria (dejar la comida al fuego, hacer mezclas raras, no saber donde deja las cosas, no acordarse de los nombres…).
  • Estos fallos son en la memoria a corto plazo, se olvidan de las cosas actuales, de las del día a día.
  • Van perdiendo la iniciativa por realizar actividades cotidianas.
  • En algunos casos aparecen problemas afectivos e incluso síntomas depresivos, porque muchas veces son conscientes de que algo les ocurre.

La segunda fase, fase moderada, tiene una duración aproximada de entre 3 y 5 años, aquí ya comienzan síntomas más graves:

  • Afasia (las personas que lo padecen no comprenden cuando les hablas, no siguen una conversación y no son capaces de decir lo que piensan, no les salen las palabras), apraxia ( no consiguen dirigir sus movimientos, es como si no fuesen dueños de su cuerpo), agnosia (ven lo que hay alrededor, pero no lo reconocen , no saben si el que viene a visitarlo o está con él es su hija, su hermano, si se llama de una u otra manera, aunque siguen teniendo la sensación de familiaridad).
  • La amnesia para eventos actuales (A.anterógrada) da lugar a la amnesia para eventos pasados (A.retrógrada). Se van olvidando de lo actual hacia atrás, van olvidando de lo más actual a lo más pasado y empiezan a preguntar por su madre o por personas que hace tiempo que no viven.
  • Deterioro en la capacidad de juicio y cambios de personalidad (que no quiere decir que salga una personalidad escondida que se desinhibe y ahora aparece porque no hay barreras, sino que simplemente la personalidad da un cambio, en muchos casos, radical.)
  • Síntomas psicóticos (delirios y alucinaciones)
  • Desorientación espacio-temporal (no saben donde están, ni que día es)
  • Incapacidad de vivir sin supervisión.

Tercera fase o fase avanzada (duración variable):

  • Se agudizan los síntomas neurológicos.
  • Apatía emocional y embotamiento afectivo (no expresan emociones).
  • Caídas frecuentes, trastornos de la marcha, que llega al encamamiento.
  • Ayudas para todas las actividades básicas de la vida diaria.
  • Estado vegetativo y al final muerte por complicaciones de su estado físico.

Estas fases son a nivel general, no todos los enfermos pasan por las tres fases ni con los mismos síntomas.

Se diferencia de otras demencias en los síntomas. Por ejemplo la demencia de cuerpos de lewy es similar en cuanto a sintomatología, pero el déficit de memoria no es tan acusado, en cambio hay un déficit grave de atención y síntomas parkinsonianos. Se trata de una demencia de evolución más rápida. En muchos casos es confundida con la primera y diagnosticada como tal. Se ha dado a conocer hace poco tiempo en la opinión pública, lamentablemente, porque es la que padecía Robin Williams.

La demencia vascular , también frecuente, pero menos que  la de Alzheimer, está causada por una enfermedad cerebrovascular.

El diagnóstico es importante para poder actuar, aunque aún hoy no existen fármacos efectivos ni solución para este trastorno neurocognitivo.

El objetivo, cuando se diagnostica una demencia, es retrasar el avance de los síntomas y tratar de que se mantengan en la primera fase el mayor tiempo posible para poder ofrecerle una mejor calidad de vida.

Hoy en día ,está demostrado, que el mejor tratamiento para las personas con demencia es la estimulación cognitiva, trabajar con ellos cada día para que su mente esté activa y evitar un rápido deterioro.

 

Rosi Palencia, Psicóloga sanitaria

Palencia&acevedo psicólogos

 

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Travesuras, mal comportamiento…¿Tengo un hijo hiperactivo?

Se estima que entre un 3 y un 7% de los niños en edad escolar presenta un trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH), y en los últimos años parece que este procentaje cada vez se incrementa más. ¿Por qué cada vez hay mas casos? ¿En qué consiste exactamente tener el TDAH?

Vamos a intentar poner un poco de orden…El TDAH se encuentra dentro del DSM-V (algo así como el manual de cabecera de los psicólogos donde se encuentran registrados todos los trastornos) como un trastorno del neurodesarrollo, esto significa que el cerebro presenta un retraso o alteración en alguna de sus funciones, en este caso la corteza prefrontal, entre cuyas funciones destaca la organización y planificación de acciones, autocontrol, solución de problemas…

 

¿Por qué ocurre?

No existe una causa determinada. Existen diferentes factores que influyen en su manifestación, como los factores genéticos. Es decir, existe una predisposición genética (sobretodo en niños más que niñas) pero dependerá de los factores de riesgo que se manifieste el trastorno.

En nuestro cerebro tenemos unas sustancias llamadas neurotransmisores que regulan la atención, motivación, aprendizaje, regulación de la conducta, sensaciones de placer…que son la dopamina y noradrenalina. Los niveles de estas sustancias están muy bajos y es por eso que a estos niños les cuesta mantener la atención, controlar sus impulsos, aplicar lo aprendido…

¿En qué consiste?

El TDAH se puede manifestar de diferentes formas en cada niño, pero hay algunos requisitos imprescindibles para su diagnóstico como:

  • Que los síntomas se manifiesten antes de los 12 años.
  • Que los síntomas se den en dos o mas contextos diferentes: es decir, que el niño tiene que mostrar síntomas de inatención, hiperactividad/impulsividad en casa y en el cole por ejemplo.
  • Los síntomas tienen que producir una interferencia significativa en el funcionamiento social, académico, laboral…

Aparte de esto hay diferentes perfiles del trastorno, y aunque popularmente se tenga la imagen del “niño hiperactivo” como el niño que no para quieto, no calla y no es capaz de concentrarse en nada, se pueden dar casos de niños con problemas de atención que no tienen conductas hiperactivas ni impulsivas, de hecho, hay un perfil totalmente opuesto que se refleja en el niño que está en su mundo, pensando en sus cosas, puede pasar desapercibido en clase porque no llama la atención pero está siempre “en las nubes”.

¿Y qué pasa de adultos?

De adultos el TDAH no desaparece pero se transforma. Muchos de los adultos que recibieron tratamiento de niños habrán aprendido estrategias para compensar aquellas áreas que tienen más deficitarias, y los mayores problemas suelen encontrarse a la hora de planificar conductas, organizar su día a día, suelen aburrirse con más facilidad…

Aunque antes de llegar a este punto, cuando son adolescentes también se producen cambios, y suelen mostrar también problemas de organización y desorden, bajo rendimiento escolar, distracción habitual…que si no se trata puede ser peligroso ya que al tener un déficit de dopamina (sustancia de nuestro cerebro que nos ayuda a estar atentos y nos produce felicidad) la pueden buscar en otras sustancias que la aumentan como las drogas.

¿Cómo solucionarlo?

Es fundamental y necesario detectarlo y tratarlo cuanto antes. Se debe intervenir con la familia, con el colegio y con cualquier contexto del niño donde se produzcan interferencias graves.

Dentro de las intervenciones eficaces se encuentran:

  • Medicación: actúa elevando los niveles de dopamina y con ello enseguida se observan mejoras en los niveles de atención, pero estos cambios no son duraderos a largo plazo y en cuanto se suspende el tratamiento recuperan los síntomas. Por sí solo no es efectivo.
  • Intervención psicoeducativa: se trabaja con el niño y su entorno, es decir, familia y colegio. Requiere más  esfuerzo pero los cambios son duraderos a largo plazo, el niño aprenderá estrategias que le servirán a lo largo de su vida, además también existen problemas secundarios a este trastorno, como problemas de estudio o de relaciones sociales, donde también es necesario intervenir.
  • Intervención combinada.

¿Por qué cada vez hay más casos?

Hay muchos debates y polémicas sobre el sobrediagnóstico o no del TDAH, el abuso de la medicación, e incluso la invención de este trastorno. En mi opinión, si que hay un sobrediagnóstico de TDAH:  los niños se distraen, no paran quietos en muchos momentos, se aburren, se dejan llevar por sus impulsos con más facilidad, además puede haber épocas de estrés, desmotivación o problemas familiares que aumenten estas conductas, por eso es necesario hacer una buena evaluación, no diagnosticar basándose en una simple entrevista, y recoger información y pruebas del niño y todo su entorno.

Se les etiqueta como niños que como no se adaptan a la clase y “dan guerra” hay que cambiarlos, o muchas veces es al contrario, y como son niños que están en su mundo y no molestan, pasan desapercibidos y no se les presta la ayuda necesaria.

Muchos niños diagnosticados con TDAH probablemente tengan problemas de conducta, o simplemente sean niños, que como es normal necesitan actividad y pueden ser algo mas “movidos” de lo normal. El criterio que debe guiarnos para tratar a un niños o no debe ser el sentido común y no las etiquetas: es decir, si existe un malestar significativo en el niño o en su familia, se deberá consultar a un profesional que se encargue de valorar la situación y aplicar la intervención mas adecuada en cada caso.

Elena Acevedo, psicóloga sanitaria

Palencia&acevedo psicólogos

Solo si soy flaca seré digna

Estos días me he puesto ante el ordenador con la intención de escribiros un artículo sobre los trastornos de la conducta alimentaria, sobre todo sobre los dos más conocidos que son la anorexia y la bulimia nerviosa.

 

Para hacerlo he buscado en mis libros de la carrera, los que tengo en la consulta y utilizo de vez en cuando, porque tampoco soy muy dada a etiquetas, sino a solucionar cosas que nos van sucediendo sin darle tanto nombre y en los apuntes del pir (psicólogo interno residente) cuya oposición o plaza de residencia preparamos hace unos añitos ya Elena y yo y con lo que aprendimos muchísimo, sobre todo de psicopatología, incluso más que en los 5 años de carrera. Además este miércoles hablo sobre esto en la radio y también quería prepararme, sobre todo, cosas de carácter más técnico para poder aclararlas si en un momento dado surgen. Al final escribí mi artículo y os puedo asegurar que un artículo de 9, vamos a decir, perfecto, hablándoos de cada trastorno, de sus características, síntomas, criterios diagnósticos, tratamientos… y un largo etcétera. Después de releerlo me di cuenta que no quería hablaros de todo eso. Que esa información podéis encontrarla en cualquier libro diagnóstico de psicología y si queréis me preguntáis y os pongo al día con todo lujo de detalles, además el miércoles seguro que lo hablamos en la radio y así no nos repetimos.

La verdad es que tengo tanto que contaros que no se por donde empezar, pero como decía una profesora mía de música, otra de mis grandes pasiones, empieza por un lado y termina por otro.

Comenzaré por la anorexia nerviosa, un trastorno del que seguro todos habéis oído hablar y al que se hace mucha alusión debido a la moda y de la que se dice que hace apología de este trastorno. Esto es así de cierto. Yo no creo que la moda sea sólo la causante de la anorexia y otros trastornos de la conducta alimentaria, pero es un factor precipitante. No ayuda nada que mujeres a las que se les marcan todos los huesecitos de su cuerpo nos vendan la belleza como un canon a seguir y que además se nos exija estar delgadas para ser buenas. Y encima todo esto se toma con una naturalidad increíble, cuando te dicen… no si adelgazar es sencillo, hay que comer menos, cerrar la boca, dejar de comer cosas que engordan, hacer ejercicio…etc, etc, etc… claro, que se lo digan a todas esas personas que llevan toda su vida haciendo dieta y encima no bajan de peso. Porque cuando hablamos de trastornos alimentarios nos referimos a muchos, aunque los más graves sean anorexia y bulimia.

Cuando releía mi artículo una y otra vez me acordé de uno que compartí en nuestra página de Facebook hace tiempo y que me caló hondo, su título es “cuando tu madre dice que está gorda”, os pongo en enlace por si os interesa leerlo.

En el habla de esto mismo, de cómo se le exige a la mujer estar delgada y que todo en comparación con esto es insignificante y de cómo la sociedad nos impone todo esto y en vez de decir no, basta, no estoy dispuesta, seguimos transmitiéndolo a los seres que más queremos. Habla de cuando una niña es consciente, por boca de su progenitora, de que su madre está gorda y que estar gorda significa ser fea y horrible. Incluso dice, hasta ese momento creía que eras preciosa, en cada sentido de la palabra. Y avanzando más en la lectura encuentro un párrafo que resume todo lo que os quiero decir “aprendí que las mujeres tendrían que ser flacas para ser dignas y respetables. Las chicas deberán vivir así porque su gran contribución al mundo es su belleza física”.

Tras todo esto creéis que os podía contar que es la anorexia o la bulimia? De lo que quiero hablar es de que esa madre y esa niña ocurre cada día y ya no sólo son madres y niñas, son madres y niños, padres y niñas, padres y niños… y que debemos pararlo ya. La moda, las multinacionales, nos quieren vender todo esto, pero nosotros podemos decir NO y empezar por cada casa y enseñarles a nuestros hijos que ellos valen por lo que son, no por lo que pesan. Comencemos educando en otro tipo de valores y ayudaremos a que esta sociedad cambie.

Los trastornos de la alimentación son duros, graves y en muchos casos mortales. La anorexia nerviosa es el trastorno mental por el que más personas mueren al año, junto con el suicidio, que también se da en estos trastornos, sobre todo en la bulimia nerviosa. Son desgarradores, te dejan sin fuerza, sin ganas de vivir, familias preocupadas y deshechas, personas hundidas que son atendidas por salud mental cada año. Si, son curables y los profesionales de la psicología y la psiquiatría junto con otros profesionales sanitarios, luchamos cada día con esta lacra, pero tenemos que actuar todos y deberíamos pedirle responsabilidad a los representantes de la moda, a los medios de comunicación y a todos y cada uno que están jugando con la vida de muchas personas, aunque no sean los únicos, pero son una parte importantísima del problema.

Rosi Palencia, Psicóloga sanitaria

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