Ansiedad ante los exámenes

En estas fechas, rozando ya el final de curso, nos encontramos con los temidos exámenes.

Estas pruebas nos generan inquietud a todos los estudiantes, pero en algunas ocasiones esta inquietud se convierte en un problema más grave que nos  produce un malestar significativo o nos incapacita para enfrentarnos a ellas.

La ansiedad elevada ante los exámenes consiste en una serie de reacciones emocionales negativas que algunos alumnos sienten ante las evaluaciones. Puede ser normal cuando nos moviliza hacia nuestros objetivos, pero cuando se da a niveles muy elevados, puede interferir seriamente en la vida de la persona y obstaculizar el avance hacia las metas.

La ansiedad puede ser anticipatoria cuando el sentimiento de malestar se produce a la hora de ponerse a estudiar o al pensar en qué pasará en el examen, o situacional si ésta acontece durante la propia prueba. “En la mayoría de los casos, existe un agente real o percibido que activa la ansiedad.

Manifestaciones de la ansiedad ante lo exámenes:

SISTEMA AUTÓNOMO

  • Taquicardia/ dolor de cabeza
  • Sudoración/trastornos del sueño
  • Palidez/ pérdida de apetito
  • Sensación de mareo
  • Ganas frecuentes de orinar
  • Náuseas y vómitos
  • Dolor abdominal
  • Diarreas

SISTEMA COGNITIVO

  • Anticipación de consecuencias negativas asociadas al examen:
    • Castigo o reprimenda por parte de padres y profesores
    • Burlas de los compañeros
    • No alcanzar sus expectativas o las de los demás, miedo a no ser capaz y ser menos que los demás
  • Evaluación negativa de las propias capacidades (pensamientos negativos relativos al rendimiento deficiente)
  • Dificultades para concentrarse, confusión, dificultad para controlar las preocupaciones, quedarse en blanco.

SISTEMA MOTOR

  • Tensión muscular elevada
  • Temblores
  • En el caso de los niños pueden intentar evitar la escuela a través de medios como:
    • quejas de síntomas físicos
    • conducta negativista

¿A quién afecta?

Los estudios estiman que entre un 15 y un 25% de los estudiantes españoles sufren ansiedad ante los exámenes. Es frecuente que personas con fobia social o trastorno de ansiedad generalizada sufran también problemas de ansiedad de evaluación y ansiedad ante los exámenes.

¿Cómo se origina?

Existen diversos factores que pueden facilitar la aparición de este problema. Entre ellos podemos destacar:

  • Por una mala experiencia anterior o se puede estar pensando en exámenes anteriores de otros compañeros o en las consecuencias negativas que acarrea salir mal en el examen, etc.”,
  • Falta de preparación para la evaluación. Cuando esto sucede puede ser que errores en la distribución del tiempo, malos hábitos de estudio o un “atracón” de lectura la noche anteriorincrementen considerablemente la ansiedad.
  • En el caso de niños y adolescentes e incluso jóvenes universitarios, puede ser por expectativas demasiado elevadas de los padres.
  • Reforzar sólo el resultado positivo y castigar el resultado negativo sin tener en cuenta el proceso.
  • Comparación con el rendimiento de los compañeros.
  • Reacciones negativas ante experiencias de bajo rendimiento (reproches, castigos, burlas…).

¿Cómo se mantiene el problema?

Cuando el estudiante ya ha desarrollado ansiedad ante los exámenes la proximidad de la prueba hace que se anticipe el fracaso y las consecuencias de este. En este momento se disparan las preocupaciones y los síntomas que le acompañan. De esto modo la persona se centra en la parte negativa (dificultad de la materia, falta de confianza, fracasos anteriores…) y anticipa que va a salir mal. Probablemente intente estudiar más horas, pero las preocupaciones interfieren significativamente en su nivel de concentración. Si además de esto el estudiante no tiene un buen método de estudio, la interferencia de la ansiedad será aún mayor.

El miedo anticipatorio y el malestar que conllevan pueden provocar que la persona incluso decida no presentarse al examen, cosa que a la larga mantiene aún más el problema.

Una vez en el examen las ideas negativas sobre el fracaso, la falta de capacidad… influyen en la atención durante la prueba y por tanto influirá en el rendimiento.

No siempre la ansiedad dará como resultado una mala nota, pero la experiencia sufrida será bastante desagradable y al terminar la prueba nos sentiremos agotados.

Si finalmente la nota es menor de la esperada, el círculo vicioso se cierra, ya que tomaremos como prueba de nuestro fracaso este rendimiento insuficiente.

Consejos para reducir la ansiedad antes del examen:

  • Tener un buen plan de estudio: Programar el tiempo de estudio en casa y aprender unas buenas técnicas de estudio. Es la mejor manera de trabajar día a día y evitar los atracones de última hora.
  • Organizar los repasos de modo que nada se quede en el olvido.
  • Establecer metas de estudio y afrontarlas paso a paso para no saturarse.
  • No dedicar la noche antes del examen a empollar, ni en los últimos días ya que:
    • No recordarás la mayor parte de lo que has estudiado.
    • Se te confundirán las ideas y estarás poco perspicaz.
    • Estarás física y psíquicamente cansado durante el examen.
  • Infórmate lo más pronto posible sobre las características y tipo de examen.
  • Repasa tu material como apuntes, esquemas, resúmenes, etc.
  • Deja preparado todo el material necesario para el examen antes de irte a dormir.
  • Procura hacer deporte o algún tipo de ejercicio físico. Hará que te olvides de ello, además de sentirte mejor.
  • Trata de relajarte con alguna actividad placentera o con las siguientes técnicas: respiración abdominal y    relajación muscular (tensar y relajar los diferentes grupos musculares).
  • Realizar alguna simulación de examen.
  • Es fundamental, habiendo preparado el material de estudio, no evitar la situación de examen.
  • Premiar el proceso, no el resultado.
  • Restarle importancia al resultado del examen, no pasa nada por suspender si me he esforzado. Lo esencial es la actitud y no debemos, nunca, castigar el esfuerzo.
  • Pedir asesoramiento profesional si la ansiedad genera un gran malestar e interfiere en la rutina académica de una manera significativa.

 

Rosi palencia, psicóloga sanitaria

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La psicología es de ciudad

Hace dos semanas tuve una conversación con uno de mis profesores de la facultad durante mi etapa de estudiante, Marino Pérez, catedrático de psicología, durante un breve paseo, tras una conferencia magistral que vino a ofrecernos a Colombres . Tuve la gran suerte de poder comer con él y con personas muy apreciadas para mi, donde hablamos de manera amena de temas muy interesantes, tanto que se nos pasó el tiempo muy rápido  y tuvimos que salir volando al lugar donde se impartía la conferencia.

Terminado el evento, en un contexto inigualable, como es el archivo de indianos de Colombres, caminamos por sus jardines hasta dar con la plaza Manuel Ibáñez y continuamos durante un buen rato conversando.

En ese trayecto hablamos de que estaba haciendo yo en ese momento, de mi trabajo, proyectos, etc  y me preguntó por la consulta, donde estaba, como me iba… y todo ese tipo de cosas.

Mientras le comentaba lo ilusionada que estaba con este proyecto y que ya llevábamos 4 años ejerciendo en nuestra consulta privada, con las mismas ganas o incluso más que al principio le dije: “sólo hay una cosa que he tenido que cambiar y aprender estos 4 años en un entorno rural, del que yo soy y en el que ejerzo mi profesión como sanitaria y que nos contáis en la facultad el primer año de carrera como requisito indispensable a cumplir”.

Ahora os cuento y os diré que me respondió.

Cuando empiezas la carrera de psicología lo primero que te enseñan es que no debes pasar consulta a personas allegadas a ti, en principio familiares y amigos, pero incluso gente cercana, además te explican que tienes que mantener una relación poco cercana si después de la consulta te encuentras con tus pacientes- clientes fuera del entorno clínico… hasta aquí todo bien si ejerces en Madrid o incluso en Oviedo o Santander… vamos… en una ciudad, pero en un pueblo o Villa, como es este caso San Vicente de la Barquera, donde conoces a mucha gente y te encuentras con ella por la calle, es muy diferente y más si eres de un pueblo vecino, como  Unquera , en mi caso.

Entonces le comenté que el primer año había sido raro, dudaba como comportarme fuera de la consulta por todo eso que te enseñan en tus años de facultad, pero que no se adecua para nada a esta situación que es trabajar de psicóloga en el entorno rural, pero tras un tiempo me dí cuenta que es una forma nueva de hacer psicología y que simplemente es una situación que debe ser natural y que las personas lo respetan y saben que es una relación terapéutica y que tu tienes tu  vida privada.

Cuando le comenté a Marino esta situación me dijo… ya, es que la psicología es de ciudad… y yo le dije, es cierto que en principio es así, pero son otros tiempos.

Con todo esto yo opino que la psicología no está hecha sólo para la ciudad, el entorno rural no es aquel entorno que los urbanos calificaban como  tosco e ignorante donde quedaba relegado todo lo importante para la ciudad y aquí estábamos a años luz de saber nada que no fuese lo que aquí habitaba, ni fue ni mucho menos es así la situación de los pueblos, aunque hace años no contábamos con todos esos privilegios que hoy ni siquiera nos diferencian a los de un lado y otro,  está hecha para todo aquel que quiera disfrutar de ella, que desee ser inundado por su sabiduría y que busque una ayuda específica, un aprendizaje para mejorar su vida y un placer para sus sentidos.

Con la experiencia de estos últimos años también me he dado cuenta que es importante acercar la psicología a las personas de a pie, porque se considera como algo lejano, sólo requerible si hay un problema grave que no podemos solucionar solos o cuando entramos directamente al mundo de la “locura”.

Al ejercer en un pueblo o una Villa y todo su entorno puedes realizar diferentes tipos de actividades como pueden ser talleres, cursos, conferencias, coloquios, además de terapia, pero eso ya es conocido por todos como función principal del psicólogo clínico o sanitario, donde compartes con otras personas diferentes visiones de la vida, les ayudas al crecer y a desarrollarse personalmente y ellas mismas se dan cuenta que haciendo otro tipo de cosas, pensando y actuando de otra manera más sana, alcanzan un grado de bienestar mucho mayor del que en ese momento experimentan.

También he de confesar que comenzar a hacer clínica en el entorno rural es más complicado que en una ciudad, porque eres pionero en muchas cosas y tienes que luchar contra estereotipos fijados concienzudamente e ir saltando barreras poco a poco.

Una de las cosas que me dijo una persona cuando abrimos la consulta fue: “estáis demasiado céntricas, si alguien va a la consulta lo puede ver cualquiera”, como si venir al psicólogo fuese algo deshonroso que hay que esconder, no vayan a pensar que estoy loco… y yo le contesté, pero si venir al psicólogo en muy chic, es más, en EEUU está de moda y va todo el mundo para que lo asesoren, para sentirse bien… y además es de personas cultivadas y bien posicionadas.

Esto que os cuento es una breve anécdota con un toque de humor, pero me he seguido encontrando con esto en diferentes ocasiones y ahora me encuentro mucho más con el caso contrario, con personas que acuden porque quieren mejorar en su vida, que tienen pequeños o grandes asuntos que no pueden resolver solos y necesitan ayuda profesional, con padres preocupados por sus hijos a la hora de educarlos, de aprender unas técnicas para poder manejar conductas, emociones… con problemas de aprendizaje o de estudio que son resolubles en cuestión de poco tiempo si se les pone remedio rápidamente.

La cuestión es que  cuando nos duele algo, nos sentimos mal físicamente, necesitamos hacernos un chequeo… vamos a nuestro médico de familia o al especialista, pero cuando nos duele algo que no es físico, cuando estamos nerviosos, preocupados, o no sabemos como manejar una situación ¿donde acudimos? En muchos casos volvemos al médico de familia, pero él no es el especialista. La respuesta adecuada  es el psicólogo y estamos ahí para resolver todo ese tipo de cosas que a la larga si no se solucionan derivan en problemas mucho más graves que a veces nos llevan a situaciones desesperadas, sin salida e incluso crónicas.

Por lo tanto y como conclusión final, estoy convencida  de que la psicología es algo de todos, del mundo, de la ciudad y del pueblo. Porque además el entorno rural merece tener todos esos servicios que ha tenido siempre la ciudad, porque somos las mismas personas, incluso con una cultura más rica en valores, en solidaridad, con ese  afán  por aprender y mejorar y la psicología es la ciencia del comportamiento, que nos ayuda a vivir mejor, a manejar nuestras emociones, pensamientos y conductas, que nos ayuda a crecer interiormente y a obtener un bienestar personal y social.

Rosi palencia

Psicóloga sanitaria

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¿Estoy educando bien a mi hijo?

Cuantas veces nos planteamos ¿estoy educando bien a mi hijo?

Las dudas son frecuentes, no sé si hacer esto o lo otro, si lo que le digo es así o debería decírselo de otra manera, si hago esto lo estoy consintiendo o soy demasiado duro…

Todas las dudas que tenemos son  normales y en la tarea de ser padres todos en algún momento somos primerizos y nos encontramos con una cosa pequeñita que llega a nuestra casa y a nuestros corazones para invadirnos, a la que queremos por encima de todas las cosas y con la que deseamos actuar como los mejores padres del mundo, pero es tan difícil… porque nunca lo hemos hecho, no nos preparan en ningún colegio ni en ninguna universidad para ser padres y aprendemos a serlo a la vez que ellos aprenden a ser hijos.

En el post de hoy os hablaré de los diferentes estilos educativos que utilizamos y cual es el más adecuado, pero esto no quiere decir que tengamos que hacerlo todo perfecto.  Somos padres, pero somos personas, imperfectas, por supuesto y esta es nuestra gran virtud.  Nuestras imperfecciones generan personas diferentes y extraordinarias y el querer mejorar  es una opción imprescindible, sobre todo a la hora de educar a nuestros pequeños.

La educación no es un proceso unidireccional, sino un proceso en el que influyen múltiples factores. En palabras de Rich Harris, «la educación no es algo que los padres hagan a los hijos, sino algo que padres e hijos hacen conjuntamente»

Los estilos educativos son la forma de actuar de los adultos respecto a los niños en su día a día, en la toma de decisiones y en la resolución de conflictos.Se crean expectativas y modelos con los que se regulan las conductas y se marcan los límites que serán el referente de los menores.

Estilos educativos:

Autoritario: los padres valoran la obediencia por encima de todo  y creen en la restricción de la autonomía del hijo, no se les permite hacer demandas a los padres y es más probable la utilización del castigo físico. Normas minuciosas y rígidas, recurren mucho a los castigos y poco al refuerzo, no responsabilidad paterna, el responsable del comportamiento siempre es el niño y los padres siempre lo hacen bien, comunicación cerrada (no hay diálogo), afirmación de poder, clima de poder y sumisión.

Permisivo: los padres proporcionan toda la autonomía posible a sus hijos, siempre que no se ponga en peligro la supervivencia física de estos. Imponen pocas reglas a sus hijos, realizan pocas demandas para el comportamiento maduro, evitan la utilización del castigo y tienden a ser tolerantes con un amplio rango de conductas. Indiferencia ante las conductas positivas y negativas, responden y atienden las necesidades del niño, permisividad, pasividad, evitan la autoridad y poner normas o  estas normas  son muy flexibles,  toleran todos los impulsos del niño y  acceden fácilmente a sus deseos.

Negligente: los padres tienden a limitar el tiempo que invierten en las tareas parentales, minimizando el tiempo de exposición a los inconvenientes que suponen estas tareas.No se  implican de manera  afectiva en los asuntos de sus hijos, no hacen tarea educativa, escasa motivación y capacidad de esfuerzo.  Rasgos claros de inmadurez.

Autorizativo o democrático: los padres mantienen un estilo responsivo a las demandas de sus hijos pero, al mismo tiempo, esperan que sus hijos respondan a sus demandas .Intentan dirigir las actividades del hijo de modo racional y orientado al problema. Manifiestan afecto, sensibilidad ante las necesidades del niño, se le escucha , se negocia de manera razonada y se le da responsabilidades, explicaciones, se promociona la conducta deseable, se corrigen conductas de manera positiva y adaptada a la edad del niño.

Consecuencias de los diferentes estilos en los hijos

Autoritario: baja autonomía,  poca confianza en sí mismos,  falta de creatividad, baja autoestima, escasa competencia social, agresividad e impulsividad, hacen las cosas por evitar castigos, no motivación de logro ni autónoma, menos alegres y espontáneos.

Permisivo: Baja competencia social, pobre autocontrol, escasa motivación, escaso respeto a normas, baja autoestima e inseguridad, inestabilidad emocional, autoconcepto negativo, falta de autoconfianza, bajos logros escolares, baja tolerancia a la frustración.

Negligente: escasa competencia social, bajo control de impulsos y agresividad, escasa motivación y capacidad de esfuerzo, inmadurez.

Autorizativo o democrático: Alta competencia social, autocontrol, motivación, iniciativa, moral autónoma, alta autoestima, alegres y espontáneos, responsabilidad y fidelidad con compromisos personales, altruistas, solidarios, elevada motivación de logro, menos conflictos con los padres.

Como afecta en la adolescencia:

El Estilo autorizativo se encuentra más relacionado que el resto de estilos parentales con altos niveles de ajuste, madurez psicosocial, competencia psicosocial, autoestima y éxito académico. Los adolescentes toman sus propias decisiones y formulan planes apropiados. Toman decisiones y realizan planes que son más satisfactorios para sus padres.

La paradoja es que en los hogares democráticos, los adolescentes se identifican fuertemente con sus padres y, a la vez, han internalizado las reglas y valores de éstos.

Por el contrario, los adolescentes cuyos padres son autoritarios y coercitivos en sus relaciones con ellos son:

  1. a) menos propensos a implicarse en explorar alternativas de identidad;
  2. b) más proclives a adoptar normas morales externas, en lugar de internalizar las normas; c) suelen tener menor autoconfianza y autoestima
  3. d) tienen más problemas en utilizar sus propios juicios como guía de conducta.

Dificultades para ser autónomos, ya que tienen menos desarrollado el sentido de su propia identidad, confían menos en su competencia y son más susceptibles a la presión de sus padres, porque han aprendido a depender de fuentes externas de aprobación y guía.

Pautas para padres

  • Ponerse de acuerdo para establecer  normas y límites (adecuadas a la edad del niño) y tomar decisiones. Proporcionarán autonomía en el menor.
  • Clima de afecto, cuidado y consistencia de normas.
  • Fomentar la empatía y  la asertividad en las relaciones con los demás
  • Corregir conductas, desde el refuerzo y no desde el castigo, enseñando cual es la conducta adecuada.
  • Si lo padres no saben como manejar esas conductas y corregirlas acudir a u profesional que pueda asesorarlos.
  • Enseñar conductas alternativas cuando recibe un insulto, pierde en un juego (se favorece la autonomía y autorregulación)
  • Fomentar el diálogo, la negociación
  • Intentar que el tiempo que se dedique a los hijos sea de calidad, aunque este sea reducido.
  • Mostrar una actitud responsiva con sus necesidades para incrementar su responsabilidad y toma de decisiones y a la vez mantener un alto nivel de cohesión y afecto en el entorno familiar.
  • En el caso de la adolescencia, la meta de la socialización familiar debería ser estimular el que sean personas independientes y autónomas, aunque en un contexto de cuidado, afecto y relaciones familiares íntimas y cohesivas. Menos autoridad y poder paterno, ya que la forma de socialización debe cambiar en términos de mayor flexibilidad y responsividad.
  • Los niños y adolescentes instrumentalmente competentes son fruto de padres afectivos, establecen normas racionales y claras , a la vez que permiten al niño/adolescente  autonomía dentro de esos límites y son capaces de comunicar con claridad sus expectativas y las razones de tales expectativas.

 

Rosi Palencia

Psicóloga Sanitaria

Palencia&acevedo psicólogos