La psicología es de ciudad

Hace dos semanas tuve una conversación con uno de mis profesores de la facultad durante mi etapa de estudiante, Marino Pérez, catedrático de psicología, durante un breve paseo, tras una conferencia magistral que vino a ofrecernos a Colombres . Tuve la gran suerte de poder comer con él y con personas muy apreciadas para mi, donde hablamos de manera amena de temas muy interesantes, tanto que se nos pasó el tiempo muy rápido  y tuvimos que salir volando al lugar donde se impartía la conferencia.

Terminado el evento, en un contexto inigualable, como es el archivo de indianos de Colombres, caminamos por sus jardines hasta dar con la plaza Manuel Ibáñez y continuamos durante un buen rato conversando.

En ese trayecto hablamos de que estaba haciendo yo en ese momento, de mi trabajo, proyectos, etc  y me preguntó por la consulta, donde estaba, como me iba… y todo ese tipo de cosas.

Mientras le comentaba lo ilusionada que estaba con este proyecto y que ya llevábamos 4 años ejerciendo en nuestra consulta privada, con las mismas ganas o incluso más que al principio le dije: “sólo hay una cosa que he tenido que cambiar y aprender estos 4 años en un entorno rural, del que yo soy y en el que ejerzo mi profesión como sanitaria y que nos contáis en la facultad el primer año de carrera como requisito indispensable a cumplir”.

Ahora os cuento y os diré que me respondió.

Cuando empiezas la carrera de psicología lo primero que te enseñan es que no debes pasar consulta a personas allegadas a ti, en principio familiares y amigos, pero incluso gente cercana, además te explican que tienes que mantener una relación poco cercana si después de la consulta te encuentras con tus pacientes- clientes fuera del entorno clínico… hasta aquí todo bien si ejerces en Madrid o incluso en Oviedo o Santander… vamos… en una ciudad, pero en un pueblo o Villa, como es este caso San Vicente de la Barquera, donde conoces a mucha gente y te encuentras con ella por la calle, es muy diferente y más si eres de un pueblo vecino, como  Unquera , en mi caso.

Entonces le comenté que el primer año había sido raro, dudaba como comportarme fuera de la consulta por todo eso que te enseñan en tus años de facultad, pero que no se adecua para nada a esta situación que es trabajar de psicóloga en el entorno rural, pero tras un tiempo me dí cuenta que es una forma nueva de hacer psicología y que simplemente es una situación que debe ser natural y que las personas lo respetan y saben que es una relación terapéutica y que tu tienes tu  vida privada.

Cuando le comenté a Marino esta situación me dijo… ya, es que la psicología es de ciudad… y yo le dije, es cierto que en principio es así, pero son otros tiempos.

Con todo esto yo opino que la psicología no está hecha sólo para la ciudad, el entorno rural no es aquel entorno que los urbanos calificaban como  tosco e ignorante donde quedaba relegado todo lo importante para la ciudad y aquí estábamos a años luz de saber nada que no fuese lo que aquí habitaba, ni fue ni mucho menos es así la situación de los pueblos, aunque hace años no contábamos con todos esos privilegios que hoy ni siquiera nos diferencian a los de un lado y otro,  está hecha para todo aquel que quiera disfrutar de ella, que desee ser inundado por su sabiduría y que busque una ayuda específica, un aprendizaje para mejorar su vida y un placer para sus sentidos.

Con la experiencia de estos últimos años también me he dado cuenta que es importante acercar la psicología a las personas de a pie, porque se considera como algo lejano, sólo requerible si hay un problema grave que no podemos solucionar solos o cuando entramos directamente al mundo de la “locura”.

Al ejercer en un pueblo o una Villa y todo su entorno puedes realizar diferentes tipos de actividades como pueden ser talleres, cursos, conferencias, coloquios, además de terapia, pero eso ya es conocido por todos como función principal del psicólogo clínico o sanitario, donde compartes con otras personas diferentes visiones de la vida, les ayudas al crecer y a desarrollarse personalmente y ellas mismas se dan cuenta que haciendo otro tipo de cosas, pensando y actuando de otra manera más sana, alcanzan un grado de bienestar mucho mayor del que en ese momento experimentan.

También he de confesar que comenzar a hacer clínica en el entorno rural es más complicado que en una ciudad, porque eres pionero en muchas cosas y tienes que luchar contra estereotipos fijados concienzudamente e ir saltando barreras poco a poco.

Una de las cosas que me dijo una persona cuando abrimos la consulta fue: “estáis demasiado céntricas, si alguien va a la consulta lo puede ver cualquiera”, como si venir al psicólogo fuese algo deshonroso que hay que esconder, no vayan a pensar que estoy loco… y yo le contesté, pero si venir al psicólogo en muy chic, es más, en EEUU está de moda y va todo el mundo para que lo asesoren, para sentirse bien… y además es de personas cultivadas y bien posicionadas.

Esto que os cuento es una breve anécdota con un toque de humor, pero me he seguido encontrando con esto en diferentes ocasiones y ahora me encuentro mucho más con el caso contrario, con personas que acuden porque quieren mejorar en su vida, que tienen pequeños o grandes asuntos que no pueden resolver solos y necesitan ayuda profesional, con padres preocupados por sus hijos a la hora de educarlos, de aprender unas técnicas para poder manejar conductas, emociones… con problemas de aprendizaje o de estudio que son resolubles en cuestión de poco tiempo si se les pone remedio rápidamente.

La cuestión es que  cuando nos duele algo, nos sentimos mal físicamente, necesitamos hacernos un chequeo… vamos a nuestro médico de familia o al especialista, pero cuando nos duele algo que no es físico, cuando estamos nerviosos, preocupados, o no sabemos como manejar una situación ¿donde acudimos? En muchos casos volvemos al médico de familia, pero él no es el especialista. La respuesta adecuada  es el psicólogo y estamos ahí para resolver todo ese tipo de cosas que a la larga si no se solucionan derivan en problemas mucho más graves que a veces nos llevan a situaciones desesperadas, sin salida e incluso crónicas.

Por lo tanto y como conclusión final, estoy convencida  de que la psicología es algo de todos, del mundo, de la ciudad y del pueblo. Porque además el entorno rural merece tener todos esos servicios que ha tenido siempre la ciudad, porque somos las mismas personas, incluso con una cultura más rica en valores, en solidaridad, con ese  afán  por aprender y mejorar y la psicología es la ciencia del comportamiento, que nos ayuda a vivir mejor, a manejar nuestras emociones, pensamientos y conductas, que nos ayuda a crecer interiormente y a obtener un bienestar personal y social.

Rosi palencia

Psicóloga sanitaria

Palencia&acevedo psicólogos

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