¿Disfrutas de la vida o pospones tu felicidad para el futuro?

Lunes, 7.00 de la mañana, me levanto de la cama azotada para poder dejar todo preparado antes de ir al trabajo y componerme para un día activo, como todo el resto de la semana.

Me despierto y pienso: es lunes, qué pereza, cuanto queda aún para el fin de semana, para poder disfrutar de mi tiempo de ocio.

Como el lunes llega el martes, el miércoles… y sólo me centro en mi trabajo y en todas esas obligaciones que acompañan mi día a día, no me da tiempo a más y no puedo dejar nada para después porque sino la casa estará sucia, la compra sin hacer, los niños sin atender…

Espero con ansia el fin de semana para disfrutar, para poder hacer algo diferente, pero este sábado justo me toca trabajar y por la tarde me encuentro cansada para hacer nada.

Por fin domingo, acabaré todo lo que tengo que hacer en casa, no voy a dejar nada que sino el lunes ya no me da tiempo.

Vaya… otra vez lunes, qué rápido ha pasado el fin de semana y no me ha dado tiempo a disfrutar. Bueno, lo intentaré el próximo fin de semana, sólo tengo que esperar a que pasen estos días.

¿Te sientes identificada o identificado? Como esta situación podemos encontrarnos infinitas en las que van pasando los días y vamos aplazando los momentos de felicidad para el futuro, pero ese futuro pasa y se convierte en presente, sin disfrutarlo, volviendo a esperar el futuro perfecto donde seremos felices, al menos por un rato.

¿Crees que vives el presente, que buscas un momento cada día para disfrutar de las pequeñas cosas, que te olvidas de todo por un instante y te sientes feliz, que pospones, en ocasiones, el trabajo y  el sacrificio por el ocio, que dedicas un tiempo a tu familia, a tus amigos y dejas aparcado todo lo demás, que te planteas cambios importantes en tu vida porque quieres mejorar y además tratas de llevar esos cambios a cabo?

Si es un sí, enhorabuena, no padeces el síndrome de la felicidad aplazada. Si por el contrario tu respuesta es negativa estás sobreviviendo y por tanto te encuentras inmerso en una situación en la que la felicidad y el disfrute se te escapan de las manos.

 

¿En qué consiste el síndrome de la felicidad aplazada?

Se caracteriza por la sensación de no tener tiempo para hacer todo lo que debemos hacer, lo que nos lleva a posponer los momentos de ocio  y descanso para después.

Quienes lo padecen sacrifican su presente por un futuro ideal en el que van a ser felices y van a disfrutar de la vida como no han hecho hasta ahora. Todo el trabajo, el esfuerzo, incluso el sufrimiento, está justificado por la búsqueda de un futuro mejor donde todo va a ser distinto y maravilloso. Soñamos con un ese tiempo perfecto y nos olvidamos del presente, lo que hace que pasemos por la vida de puntillas y no nos permitimos pisar fuerte.

Casi la mitad de la población de los países desarrollados padece este síndrome, dato que nos hace reflexionar si  realmente vivimos en un estado de bienestar o  si esta sociedad nos está empujando a creer que el consumismo es la clave de la felicidad cuando en realidad parece más la clave de la infelicidad.

Muchas veces pensamos que el poseer más bienes materiales nos hará más felices, pero sólo nos lleva a tener que trabajar más horas, ahorrar más dinero, privarnos de disfrutar de más tiempo, para poder poseer más cosas que luego se convierten en nuestros carceleros.

Además solemos meternos en una dinámica en la que pensamos que cualquier tiempo venidero será mejor.

Cuando estamos estudiando seremos más felices cuando terminemos la carrera y comencemos a trabajar. Cuando trabajamos seremos más felices cuando tengamos vacaciones o cuando nos jubilemos y podamos disfrutar del tiempo libre.

La cuestión es que nadie nos asegura que ese futuro será tan ideal como pensamos o que tan siquiera estemos aquí dentro de unos años o si nuestra salud nos permitirá disfrutar de todo lo que ansiamos.

¿Y si el momento presente es tan bueno que lo estamos dejando pasar por esperar un futuro aún mejor que nunca llega?

Este síndrome se relaciona con una serie de pensamientos irracionales que dificultan nuestro bienestar y nos complican la vida seriamente: Las exigencias, el catastrofismo y la racionalización.

Las exigencias: son creencias, mantenidas en forma rígida e inflexible, acerca de cómo debería ser uno mismo, otras personas o la vida.

Se relacionan con los valores, es decir, con creencias personales sobre lo que consideramos bueno, importante y valioso.

La mayoría de estos valores serían correctos si los adoptásemos como preferencias flexibles o sólo en determinadas circunstancias, pero el problema es su rigidez y su carácter coercitivo que hacen que, cuando no se cumplen, reaccionemos sintiendo ansiedad, culpabilidad, inhibición o ira, al pensar que es terrible.

Las exigencias suelen expresarse con términos como “debería”, “no debería”, “habría que”, “es necesario que” o “tendría que”. También se asocian con palabras como “siempre”, “nunca”, “absolutamente”, “totalmente” o “perfectamente”.

El catastrofismo: es la tendencia a percibir o esperar catástrofes sin tener motivos razonables para ello. Consiste en temer lo peor, en exagerar la posibilidad de que ocurra lo temido o en exagerar las consecuencias negativas que tendría si ocurriese. También lleva a minimizar los aspectos atenuantes del problema y nuestra capacidad para afrontarlo o manejarlo.El pensamiento catastrofista muchas veces comienza con la frase: y si… Está muy relacionado con las exigencias.

La  racionalización: es la tendencia a minimizar o negar nuestros derechos y preferencias. Puede concentrarse en pensar “no es así”, “es una tontería” y no llevo a cabo las cosas que quiero o que realmente son importantes para mi.

¿Cuáles son las consecuencias de este síndrome?

  • No  disfrutamos  de lo que tenemos hoy y además nada o nadie puede asegurarnos que el futuro que imaginamos será como queremos.
  • Pérdida de calidad de vida.
  • Pasamos por la vida de puntillas, sin disfrutar de nada porque siempre ha de venir algo mejor.
  • Riesgo de padecer trastornos de ansiedad, estrés o depresión.
  • Sensación constante de insatisfacción.

¿Qué podemos hacer para mejorar?

  • Identifica si sufres del síndrome de la felicidad aplazada, trabajando un exceso de horas y pensando que en un futuro las cosas irán mejor.
  •  Valora qué aspectos de tu presente te hacen feliz para continuar con ellos e incluso mejorarlos.
  •  Definir un plan de acción para empezar a cambiar cosas y empezar a hacerlo por cosas sencillas (disfrutar de las pequeñas cosas del día a día)
  • Trabajar nuestros pensamientos, modificar nuestras creencias irracionales (exigencias, catastrofismo, racionalización).
  • En el caso de las exigencias, la alternativa racional es mantener unas normas y valores flexibles. Para ello cuestionaremos cualquier norma o creencia personal formulada en términos como “deberías, “es necesario que” “tiene que”, pues tiende a ignorar que hay excepciones. Mantener los valores como preferencias, más que como exigencias absolutistas.
  • Catastrofismo: Hacer ejercicios para anticipar en positivo.

Uno de ellos sería proponernos frases que comiencen con y si… y que continúen     con cosas positivas, por ejemplo:

Y si voy a tomar un café y obtengo un rato de placer

Y si lo intento y me sale bien

Y si…

También podemos comenzar un diario de cosas positivas: necesitamos una libreta bonita donde apuntar al final del día todo lo bueno que nos ha pasado durante la jornada. Cada día apuntamos lo positivo, cada pequeña cosa que nos ocurre y lo leemos para darnos cuenta de que durante el día nos ocurren muchas cosas buenas, pero la mayoría de las veces pasan desapercibidas y sólo nos centramos en lo negativo.

  • Racionalización: comenzar a hacer importantes las cosas que lo son. Darnos cuenta que lo que nos hace feliz es importantísimo y empezar a llevarlo a cabo poniéndonos pequeños objetivos a cumplir e ir cumpliéndolos y pasando a otros mayores.

 

Rosi palencia, psicóloga sanitaria

palencia&acevedo psicólogos.