En busca de la felicidad

Vivimos en la era de la felicidad, tenemos que estar en un estado de permanente alegría y el malestar no está bien visto. Vivimos buscando una felicidad muchas veces imposible, y nos olvidamos que está en las pequeñas cosas. La felicidad muchas veces es una cuestión de actitud, de elegir ver la vida a través del vaso medio lleno…¿Pero qué pasa cuando no puedes ser feliz?

Se estima que actualmente hay 350 millones de personas en el mundo con un trastorno depresivo, y que para el 2030 sea considerada la principal causa de discapacidad, pero no hay que confundirlo con un estado de tristeza o “estar de bajón”. Todos pasamos por varios estados emocionales y la tristeza es una emoción tan necesaria como la alegría.

La tristeza es una de las emociones básicas   y normalmente la asociamos con dolor, sufrimiento y negatividad, pero tiene una finalidad que la hace imprescindible para lograr un bienestar en nuestra vida, nos ayuda a detectar y aceptar las pérdidas; las pérdidas pueden ser de cualquier tipo, desde la de un ser querido hasta pérdidas laborales, económicas, de salud, materiales…Vivir y expresar la tristeza nos ayuda a detenernos, reflexionar y buscar soluciones y finalmente aceptar esa situación

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Estar deprimido no es solamente sentirse triste. Un trastorno depresivo difiere de la tristeza ya que se da una mezcla de diferentes factores:

  • Se produce un descenso de la serotonina (neurotransmisor de nuestro organismo encargado del estado de ánimo), con lo cual nos sentimos más tristes, apáticos, sin ganas de hacer nada…
  • Para que sea considerado un episodio depresivo, el estado de ánimo bajo tiene que darse durante dos semanas, lo que se manifestará en diferentes síntomas como sentimiento de tristeza o vacío la mayor parte del día, se pierde la capacidad para experimentar placer, el interés por las cosas, hay cambios en alimentación y sueño, pérdida de energía, dificultades para concentrarse, se sienten excesivamente inútiles y culpables, existen dificultades para tomar decisiones…
  • Estos síntomas interfieren con la vida diaria, le impiden desenvolverse con normalidad y producen un intenso dolor a la persona, y a su entorno.

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¿Podemos hacer algo para prevenir la depresión?

No existe una causa conocida para la depresión. Existen diferentes factores que intervienen en su manifestación, y también existen factores que nos pueden ayudar a mantener un estado de ánimo más positivo, algunos de ellos son:

  • Aceptar el malestar: como comentaba al principio, no está bien visto el sufrimiento, la tristeza, el dolor…y es una parte necesaria. Tenemos que permitirnos estar mal, y es la forma de aceptar adecuadamente las situaciones y lograr un equilibrio emocional.
  • Actitud positiva: muchas veces solo nos fijamos en lo negativo, pero tenemos que conseguir una visión mas realista de las cosas que nos pasan. Hay que buscar cada día aquellas cosas positivas que nos ocurren, esto nos ayudará a la hora de afrontar las situaciones que no nos gustan, y facilitará una interpretación menos negativa.
  • Quiérete: es importante conocernos y valorarnos, sentirnos orgullosos de los logros que conseguimos día a día. No hace falta que sean grandes cosas, una imagen positiva de nosotros mismos se va construyendo a partir del valor que le damos a cada pequeña meta conseguida en nuestra vida cotidiana.
  • Vida activa: no es cuestión de tener la agenda a rebosar, sino de intentar todos los días buscar nuestra pequeña felicidad, aquella actividad o momento del día que nos produce satisfacción: un baño relajante, leer nuestro libro favorito, ver un capítulo de nuestra serie preferida, un paseo al anochecer, esa cena que tanto nos gusta…
  • Ejercicio físico: el ejercicio físico produce numerosos beneficios en nuestro organismo a nivel físico y mental. Caminar treinta minutos al día ya nos ayuda a mantener un mejor estado de ánimo además de diferentes mejoras en nuestras funciones mentales que comentaremos más detenidamente en próximos artículos.

Y en el caso de sospechar tener un trastorno del estado de ánimo, lo más recomendable es consultar con un profesional de la salud para que nos recomiende el tratamiento mas adecuado.

Elena Acevedo, psicóloga sanitaria

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Travesuras, mal comportamiento…¿Tengo un hijo hiperactivo?

Se estima que entre un 3 y un 7% de los niños en edad escolar presenta un trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH), y en los últimos años parece que este procentaje cada vez se incrementa más. ¿Por qué cada vez hay mas casos? ¿En qué consiste exactamente tener el TDAH?

Vamos a intentar poner un poco de orden…El TDAH se encuentra dentro del DSM-V (algo así como el manual de cabecera de los psicólogos donde se encuentran registrados todos los trastornos) como un trastorno del neurodesarrollo, esto significa que el cerebro presenta un retraso o alteración en alguna de sus funciones, en este caso la corteza prefrontal, entre cuyas funciones destaca la organización y planificación de acciones, autocontrol, solución de problemas…

 

¿Por qué ocurre?

No existe una causa determinada. Existen diferentes factores que influyen en su manifestación, como los factores genéticos. Es decir, existe una predisposición genética (sobretodo en niños más que niñas) pero dependerá de los factores de riesgo que se manifieste el trastorno.

En nuestro cerebro tenemos unas sustancias llamadas neurotransmisores que regulan la atención, motivación, aprendizaje, regulación de la conducta, sensaciones de placer…que son la dopamina y noradrenalina. Los niveles de estas sustancias están muy bajos y es por eso que a estos niños les cuesta mantener la atención, controlar sus impulsos, aplicar lo aprendido…

¿En qué consiste?

El TDAH se puede manifestar de diferentes formas en cada niño, pero hay algunos requisitos imprescindibles para su diagnóstico como:

  • Que los síntomas se manifiesten antes de los 12 años.
  • Que los síntomas se den en dos o mas contextos diferentes: es decir, que el niño tiene que mostrar síntomas de inatención, hiperactividad/impulsividad en casa y en el cole por ejemplo.
  • Los síntomas tienen que producir una interferencia significativa en el funcionamiento social, académico, laboral…

Aparte de esto hay diferentes perfiles del trastorno, y aunque popularmente se tenga la imagen del “niño hiperactivo” como el niño que no para quieto, no calla y no es capaz de concentrarse en nada, se pueden dar casos de niños con problemas de atención que no tienen conductas hiperactivas ni impulsivas, de hecho, hay un perfil totalmente opuesto que se refleja en el niño que está en su mundo, pensando en sus cosas, puede pasar desapercibido en clase porque no llama la atención pero está siempre “en las nubes”.

¿Y qué pasa de adultos?

De adultos el TDAH no desaparece pero se transforma. Muchos de los adultos que recibieron tratamiento de niños habrán aprendido estrategias para compensar aquellas áreas que tienen más deficitarias, y los mayores problemas suelen encontrarse a la hora de planificar conductas, organizar su día a día, suelen aburrirse con más facilidad…

Aunque antes de llegar a este punto, cuando son adolescentes también se producen cambios, y suelen mostrar también problemas de organización y desorden, bajo rendimiento escolar, distracción habitual…que si no se trata puede ser peligroso ya que al tener un déficit de dopamina (sustancia de nuestro cerebro que nos ayuda a estar atentos y nos produce felicidad) la pueden buscar en otras sustancias que la aumentan como las drogas.

¿Cómo solucionarlo?

Es fundamental y necesario detectarlo y tratarlo cuanto antes. Se debe intervenir con la familia, con el colegio y con cualquier contexto del niño donde se produzcan interferencias graves.

Dentro de las intervenciones eficaces se encuentran:

  • Medicación: actúa elevando los niveles de dopamina y con ello enseguida se observan mejoras en los niveles de atención, pero estos cambios no son duraderos a largo plazo y en cuanto se suspende el tratamiento recuperan los síntomas. Por sí solo no es efectivo.
  • Intervención psicoeducativa: se trabaja con el niño y su entorno, es decir, familia y colegio. Requiere más  esfuerzo pero los cambios son duraderos a largo plazo, el niño aprenderá estrategias que le servirán a lo largo de su vida, además también existen problemas secundarios a este trastorno, como problemas de estudio o de relaciones sociales, donde también es necesario intervenir.
  • Intervención combinada.

¿Por qué cada vez hay más casos?

Hay muchos debates y polémicas sobre el sobrediagnóstico o no del TDAH, el abuso de la medicación, e incluso la invención de este trastorno. En mi opinión, si que hay un sobrediagnóstico de TDAH:  los niños se distraen, no paran quietos en muchos momentos, se aburren, se dejan llevar por sus impulsos con más facilidad, además puede haber épocas de estrés, desmotivación o problemas familiares que aumenten estas conductas, por eso es necesario hacer una buena evaluación, no diagnosticar basándose en una simple entrevista, y recoger información y pruebas del niño y todo su entorno.

Se les etiqueta como niños que como no se adaptan a la clase y “dan guerra” hay que cambiarlos, o muchas veces es al contrario, y como son niños que están en su mundo y no molestan, pasan desapercibidos y no se les presta la ayuda necesaria.

Muchos niños diagnosticados con TDAH probablemente tengan problemas de conducta, o simplemente sean niños, que como es normal necesitan actividad y pueden ser algo mas “movidos” de lo normal. El criterio que debe guiarnos para tratar a un niños o no debe ser el sentido común y no las etiquetas: es decir, si existe un malestar significativo en el niño o en su familia, se deberá consultar a un profesional que se encargue de valorar la situación y aplicar la intervención mas adecuada en cada caso.

Elena Acevedo, psicóloga sanitaria

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Solo si soy flaca seré digna

Estos días me he puesto ante el ordenador con la intención de escribiros un artículo sobre los trastornos de la conducta alimentaria, sobre todo sobre los dos más conocidos que son la anorexia y la bulimia nerviosa.

 

Para hacerlo he buscado en mis libros de la carrera, los que tengo en la consulta y utilizo de vez en cuando, porque tampoco soy muy dada a etiquetas, sino a solucionar cosas que nos van sucediendo sin darle tanto nombre y en los apuntes del pir (psicólogo interno residente) cuya oposición o plaza de residencia preparamos hace unos añitos ya Elena y yo y con lo que aprendimos muchísimo, sobre todo de psicopatología, incluso más que en los 5 años de carrera. Además este miércoles hablo sobre esto en la radio y también quería prepararme, sobre todo, cosas de carácter más técnico para poder aclararlas si en un momento dado surgen. Al final escribí mi artículo y os puedo asegurar que un artículo de 9, vamos a decir, perfecto, hablándoos de cada trastorno, de sus características, síntomas, criterios diagnósticos, tratamientos… y un largo etcétera. Después de releerlo me di cuenta que no quería hablaros de todo eso. Que esa información podéis encontrarla en cualquier libro diagnóstico de psicología y si queréis me preguntáis y os pongo al día con todo lujo de detalles, además el miércoles seguro que lo hablamos en la radio y así no nos repetimos.

La verdad es que tengo tanto que contaros que no se por donde empezar, pero como decía una profesora mía de música, otra de mis grandes pasiones, empieza por un lado y termina por otro.

Comenzaré por la anorexia nerviosa, un trastorno del que seguro todos habéis oído hablar y al que se hace mucha alusión debido a la moda y de la que se dice que hace apología de este trastorno. Esto es así de cierto. Yo no creo que la moda sea sólo la causante de la anorexia y otros trastornos de la conducta alimentaria, pero es un factor precipitante. No ayuda nada que mujeres a las que se les marcan todos los huesecitos de su cuerpo nos vendan la belleza como un canon a seguir y que además se nos exija estar delgadas para ser buenas. Y encima todo esto se toma con una naturalidad increíble, cuando te dicen… no si adelgazar es sencillo, hay que comer menos, cerrar la boca, dejar de comer cosas que engordan, hacer ejercicio…etc, etc, etc… claro, que se lo digan a todas esas personas que llevan toda su vida haciendo dieta y encima no bajan de peso. Porque cuando hablamos de trastornos alimentarios nos referimos a muchos, aunque los más graves sean anorexia y bulimia.

Cuando releía mi artículo una y otra vez me acordé de uno que compartí en nuestra página de Facebook hace tiempo y que me caló hondo, su título es “cuando tu madre dice que está gorda”, os pongo en enlace por si os interesa leerlo.

En el habla de esto mismo, de cómo se le exige a la mujer estar delgada y que todo en comparación con esto es insignificante y de cómo la sociedad nos impone todo esto y en vez de decir no, basta, no estoy dispuesta, seguimos transmitiéndolo a los seres que más queremos. Habla de cuando una niña es consciente, por boca de su progenitora, de que su madre está gorda y que estar gorda significa ser fea y horrible. Incluso dice, hasta ese momento creía que eras preciosa, en cada sentido de la palabra. Y avanzando más en la lectura encuentro un párrafo que resume todo lo que os quiero decir “aprendí que las mujeres tendrían que ser flacas para ser dignas y respetables. Las chicas deberán vivir así porque su gran contribución al mundo es su belleza física”.

Tras todo esto creéis que os podía contar que es la anorexia o la bulimia? De lo que quiero hablar es de que esa madre y esa niña ocurre cada día y ya no sólo son madres y niñas, son madres y niños, padres y niñas, padres y niños… y que debemos pararlo ya. La moda, las multinacionales, nos quieren vender todo esto, pero nosotros podemos decir NO y empezar por cada casa y enseñarles a nuestros hijos que ellos valen por lo que son, no por lo que pesan. Comencemos educando en otro tipo de valores y ayudaremos a que esta sociedad cambie.

Los trastornos de la alimentación son duros, graves y en muchos casos mortales. La anorexia nerviosa es el trastorno mental por el que más personas mueren al año, junto con el suicidio, que también se da en estos trastornos, sobre todo en la bulimia nerviosa. Son desgarradores, te dejan sin fuerza, sin ganas de vivir, familias preocupadas y deshechas, personas hundidas que son atendidas por salud mental cada año. Si, son curables y los profesionales de la psicología y la psiquiatría junto con otros profesionales sanitarios, luchamos cada día con esta lacra, pero tenemos que actuar todos y deberíamos pedirle responsabilidad a los representantes de la moda, a los medios de comunicación y a todos y cada uno que están jugando con la vida de muchas personas, aunque no sean los únicos, pero son una parte importantísima del problema.

Rosi Palencia, Psicóloga sanitaria

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